Mi primer libro: Después de cada invierno, siempre hay una primavera

Volando con Paloma es un poemario de composiciones de amor en su primer capítulo, dedicados a Paloma, mi compañera y primera musa, a la que conocí en una de las peores etapas de mi vida, y con la que empecé a volar en la poesía. Nos conocimos en unas clases a las que íbamos los dos; la vi triste, tanto que me impresionó y me llego al corazón, tal vez porque yo también sentía esa misma tristeza. Desde entonces quise conocerla mejor, saber la razón de su tristeza, pero no me dejaba, me dijo que estaba herida; vi que tenía miedo a empezar de nuevo. Fue aquella noche frente a la chimenea, con la mirada fija en la luz de la lumbre, cuando pensando en ella quedé dormido y en mi sueños vi su corazón roto, esparcido por el suelo y al despertar comprendí que necesitaba ayuda, que tenía que ayudarla a recomponer su corazón. Fue aquí que escribí mi primer poema, al que titulé Puzle de corazones. Y decía:
Yo miraba tu mirada,
tú mirabas el vacío,
en tus ojos pude ver
un corazón mal herido,
un corazón que no ríe,
un corazón como el mío.

Dos corazones rotos,
dos corazones partidos,
dos corazones rotos
por lo mucho que han sufrido.

Mas tú no llores vida mía,
tú no llores amor mío,
que yo te ofrezco hacer un puzle,
un puzle de corazones,
de corazones partidos,
un puzle de corazones,
que son el tuyo y el mío.
Fue con este poema, dentro de un relato conmovedor, con el que conseguí mi primer premio literario, y por lo que mucha gente me animó a escribir, y hoy tengo varios… En poesía, en relatos, y en cartas de amor.
Y digo bien “mi primer premio literario”, porque mi primer gran premio con esta poesía, fue la conquista de Paloma, que me aceptara y me quisiera, y que hoy siga estando a mi vera. Fue algo muy hermoso cuando se la di a leer, ver el brillo de sus ojos, la sonrisa en sus labios, como aquel rostro antes gris otoño, se iba transformando en una cálida y alegre primavera.
En el capítulo dos, inmerso ya en plena primavera, siempre de la mano de Paloma, las musas me van dejando poesías diversas, unas a la naturaleza, a mi tierra andaluza, al mundo que me rodea, a mis seres más queridos. Y la última parte del libro está dedicado a la soledad, la melancolía, y al desamor, de aquel frío invierno que hubo antes de la primavera. Puede que con mi poesía les haga derramar alguna que otra lágrima, puede que también consiga que expresen alguna sonrisa, lo que no creo es que nadie quede con indiferencia. Como comprobarán, yo soy un poeta de musas, y las musas deben de tener unos emolumentos muy altos, porque a los poetas pobres sólo acuden de vez en cuando y con el tiempo justo, es por ello que estamos obligados a llevar siempre lápiz y papel, para, como el buen fotógrafo lleva su cámara, captar al momento la buena imagen. Mis poesías o mis palomas, como yo las llamo, las he ido criando y guardando, y hoy al fin he decidido echarlas a volar, abrir las puertas del palomar, dejarlas libres. Por si algún día me echan de este mundo o yo me quiero marchar, no quiero que mueran encerradas en un cajón sin poder volar, sin que el mundo las juzgue, para bien o para mal.

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